lunes, 9 de noviembre de 2009

los del miedo


Somos del miedo como somos llenos de raíces de incertidumbre.

Somos los ulcerados de la duda.

El apetito es el miedo.

El apetito es el rostro del miedo.

El rostro es el pozo donde una mano miedosa se anida.

Somos los equilibristas del nudo ciego en las entrañas,

hundiendo pasos con pie de palo sobre un hilo.

Somos los repartidos por los múltiples senderos de la duda

que tejemos hasta enredarnos,

que cruzamos como equilibristas.

No importa que tan delgado es el miedo,

no se cortará la cuerda,

cada tirante esta fijado con las raíces de tu incertidumbre.

Igual te balanceas sobre noches masticadas por el invierno y los nombres.

Nombres que el miedo abre a la deriva y por la fuerza.

Somos los desbordados hijos del miedo,

los impregnados en las turbias aguas del miedo,

los refucilados con la luz del miedo,

los astillados con las raíces de la incertidumbre.

Los ulcerados de la duda,

los envejecidos de la duda,

los acunados en brazos de la duda cuando nos ladra el miedo.

Somos los amordazados del miedo,

los levantados de noche,

los fotografiados en territorio del miedo,

los endurecidos equilibristas a mitad de un hilo,

que cruzamos torcidos como un río,

Cada hora a cada paso de cada desconcierto.

3 comentarios:

  1. Hermoso Laura, me ancantó. Sobretodo el ritmo.

    La música de fondo..acompaña muy bien la lectura.

    cariños

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  2. Gracias!
    Viniendo de ud es un verdadero halago.
    un abrazo

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  3. A ver Laura, no me gusta andar de blog en blog comentando por comentar, por lo general siempre me mantengo en silencio, sin embargo, cuando salgo y leo algo que me agrada, entonces rompo el silencio, y justo ahora en estos momentos, cómo no descalabrar a la madre de todos los silencios... Niña, tu poesía sangra, y al mismo tiempo es de una belleza insuperable. Enganchas, seduces con tu forma tan peculiar de perderle el respeto a la muerte, de doblegar a la misma tristeza.

    Cada una de tus poesías merece un reconocimiento especial y un comentario a la altura de tus versos.

    Vendré más tarde, cuando el bullicio de mi entorno haya saciado su sed de grito y leeré cada uno de tus poemas.
    Qué pérdida del tiempo el mío, al no venir a visitarte con más frecuencia, pero, lo repondré leyéndote con absoluta atención.

    Hasta la noche.
    Un abrazo.

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