jueves, 14 de junio de 2012

esta mañana



Esta mañana afeité a un muerto, rasuré su barba de días de coma y agonía. Pero sobre todo rasuré su claridad y su ignorancia, porque él ignora y padece, ignora y padece como un animal quieto recién encandilado... y está confundido. Sobre todo le saqué el brillo a la dureza del hielo y del asfalto.Le saqué brillo a sus facciones de ciego. Lo hacía y pensaba si le dolía realmente, detrás de la coagulación y el desconcierto.. Pensaba que tuvimos oportunidad de acercarnos antes, él y yo, que tuvimos oportunidad de cruzar este mismo gesto. La delicadeza que es parte de la vida, la delicadeza que es parte del miedo a lastimar lo que vive y su cara de no pensar, cara de muerto de horas de no pensar, de infección y olvido contra mis manos suaves, suaves sobre su gesto de hombre que está siendo lavado, aliviado, comprendido. Qué habrá pensado tiempo atrás de esta escena; que alguien lo iba a afeitar después de muerto, que alguien iba a ver su gesto de muerto afeitado. Si este hombre tenía setenta años y viajaba a mi lado en el omnibus,  sin voltear a verme nunca, pero miró mis manos agarradas al pasamanos una vez, las miró fijamente como algo posterior y tibio, las miró como el reflejo absurdo de lo que será para despojarnos. Pero no fue ahí que el debía tocarme ni que yo debía rozar con mi mano su gesto de vivir . Era aquí y ahora, como en el sexo, como el derrame en  boca de la muerte, era aquí y ahora que debía afeitarlo, dejarlo listo, para quién? Para ir a dónde? Para estar prolijo y ser puntual con quién?. Siempre somos prolijos y puntuales para la muerte. Para convertirse en qué? En incontestable furia, en leña, en adivino. Lo que ha vivido ya es ceniza. Sólo muere en él lo que no ha vivido. También hago mi duelo: veo su cara, quizás él sienta envidia de esto, quizás él ya extravió su rostro y sea antiguo y esté perdido bajo el agua. Hago el duelo: asumir el desprecio de la muerte. Intentar descubrir que le fascinó de este hombre, por qué nos sigue ignorando
Rasuro la oscura belleza en el pelo blanco de la muerte mientras él sueña el roce de otra mano. Quito la barba, la piel, el esmalte mientras él algo dice con labios sellados. Intento escuchar lo que dice con los labios sellados. Quién lo despertará de este sueño?

6 comentarios:

  1. Se me aceleró el latido. Es tan hermoso. Y perdóneseme el atrevimiento, pero se me cruza irremediablemente una imagen de Biutiful, ahí al final, los labios sellados. Silencio.

    ResponderEliminar
  2. Me conmoviste. ¿Cómo puedes hacerlo tan bello, tan íntimo, rasurar ese rostro de forma tan delicada con estas palabras que son como un filo dulce? Y el modo en el que dejas caer ese encuentro...Hay algo que late en este relato, está vivo, es un animal corriendo relámpago por el bosque. Quisiera acariciar este relato, su pelaje suave, y que se acostara tranquilo en mi regazo...No sé, creo que ya me fui otra vez. Beso(esto me gusta tanto que voy a compartir)

    ResponderEliminar
  3. Escribís muy hermoso.
    Escribís muy hermoso...
    Sí, y podría repetirlo un par de veces más.

    Saludos.

    ResponderEliminar
  4. :-(

    (Falta pulir...; el texto, digo.)

    ResponderEliminar
  5. Yo creo que las palabras le andan a las cosas que nombran (que nombrás). Y eso es muy tierno.

    ResponderEliminar

la más tierna dulzura ignora

Pasa de todo cuando el amor ofrece su posibilidad nos hace un nudo arriba y nos cuelga un monte se nos atraviesa se  congela el p...