viernes, 20 de enero de 2017

el error








viniste ayer

Los animales nos miraban comer
deseaban lamer el rencor de nuestros dedos
Los nervios te consumían como dos tentáculos
De pronto hablaste
haciendo ese sonido metálico del remordimiento
Una vez más te perdoné
cegándome floralmente, reíste
a falta de tartamudez, reíste
mientras la tarde encendía
su inapetente pulsión
Acaricié tu cabeza como un jardinero
acaricia un geranio
y advierte
ese detalle vigoroso improlijo
lo metálico de la poda se unió al unísono
con  tus palabras
una vara roja estalló
viva

Irrefrenable

1 comentario:

  1. Leerte estremece, es inevitable. Las catástrofes también son inevitables, así como el perdón.

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