Aunque perseveres en tus gritos
de caótico semidios
y sientas crecer en cada renglón
la gracia de tu carne,
no llegarás más alto,
que ese hombre de rodillas,
que todas las noches,
abrazado al honor de su vasta memoria,
implora en su aliento,
el poema o el infierno,
que merecer
por la mañana.
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Mubarak
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