viernes, 11 de junio de 2010

Ella, la que escribe: Cecilia Olguín - Ver por sobre el hombro

Que no hay verde
amor, que no
aunque las ramas estiren sus cogollos
como unas armas en plegaria.

Que no hay rojo
que no, amor
ése frenesí con que se pintan
los labios y las uñas las muchachas.

Que el conglomerado
de violetas y de azules
-amor, que no-
recorre los cauces soñolientos
dónde antes gozaban las cascadas
y cae dentro del seco arco de palabras.

Que ni ante el deslumbrante empujón del mediodía
brillan las entintadas plumas de las flechas
que no, amor, que no:
que no brillan
que no vuelan
que no hay risa.

Que postergar ese acto hasta la tarde
amor, hasta la noche
es simplemente la barbarie.

Cecilia Olguín
www.elladicequeescribe.blogspot.com

miércoles, 12 de mayo de 2010

Herida de mujer translúcida


Me pasa que tengo en las manos conciencia de haber tocado a una mujer herida.

Me pasa porque la incertidumbre planea en diferentes nieblas.
Me pasa una mujer removida en sus sequías primerizas
azotada luego por los vientos
de los que no se vieron arribar sus luces

He guiado una mirada triste
a una mujer emplazada por el tiempo y sus tabulaciones.
enumerada en el lenguaje,
sumada en las cifras absolutas ,
tachada de los viejos cálculos,
escoltada por los malos pronósticos,
una mujer traducida a varios universos,
reproducida y conservada como un perfume silencioso.
La mujer que se parte en su lástima.

La mujer que se ejecuta en mi llanto
lenta y lastimosa como garra que ha surcado rutas pacíficas,
rutas que drenan las pérdidas de mis ríos,
cauces paralelos a mi muerte
que no pasan frente a otros volcando una sola pena.

La mujer exhausta de mi aliento,
resignada al empleo de las alucinaciones.

Escondida por la sed
y dejada al descubierto por el ansia.

Esa mujer ha sido tocada por un cuerpo herido,
ha sido reconocida entre viejos cadáveres con las mismas resistencias,
ha sido exhumada como una música sobre falsas transparencias,
y luego se ha sentado entre mis dedos,
se ha sentado sobre estas manos que reciben dentro
una ruta, un viento, una sequía
o una herida de mujer translúcida.

domingo, 14 de febrero de 2010

el árbol oscuro


Yo apunté a un nido
Yo apunté a un nido y le dí
e hice lo mismo que el tiempo hace con la risa.
Y lo hice sola
con una roca de hielo,
con una piedra de llanto congelado.

Luego, con el mismo escombro rasguñe mi cara.
e hice lo que un rastrillo con la arena.
Unete como a un recuerdo joven dije y labré la marca,
sin ventanas para mi rabia
labré la marca
dejé el vestigio de haber sido un instante tan vil como el tiempo.

Con una roca de hielo
Con una roca de hielo
derribé lo que flameaba en el árbol oscuro.
y todos los recuerdos sin sostén cayeron
mezclandose las filmaciones de unos rostros
con las grabaciones de otras voces
en un solo engrudo.

la mano de mi amante con cara de risa,
el pie de la muerte con aliento de pozo.
y mi padre con sus ojos en blanco.

El tiempo es un árbol oscuro
vive pensando el fruto que arrojará sobre tu risa.

Y el pasado,
el pasado es el nido
se piensa ausente pero se sabe de éste lugar
como un destino circular que otra vida menciona
y tu atiendes pero lejos ya.

Pero esta vez lancé una piedra.
A fuerza de ser pájaro,
a fuerza de flamear sobre un árbol oscuro
al tiempo le dí, al pasado le dí,
derribé sus frutos, rasguñe mi cara.
Y todo eso lo hice yo sola,
con una piedra de llanto congelado.

lunes, 7 de diciembre de 2009

EQUIPAJE - FANNY JARETON


Que mi mamá

se haya ido con otro hombre

y sin avisar

no me preocupa.

Lo que me duele,

lo que realmente me duele

es que se llevó,

como una ladrona,

en su valija de hierro

atrapada mi niñez.

jueves, 26 de noviembre de 2009

un poema como un rayo me ha alcanzado


FLORENCIA IGLESIAS, DE SU LIBRO "PRIMA MORTE"


No sirve gritar


mostrar el dolor


golpear a puñetazos la puerta del olvido


Sólo permanecer quieto


hasta morir


como animal cazado


solo

lunes, 9 de noviembre de 2009

los del miedo


Somos del miedo como somos llenos de raíces de incertidumbre.

Somos los ulcerados de la duda.

El apetito es el miedo.

El apetito es el rostro del miedo.

El rostro es el pozo donde una mano miedosa se anida.

Somos los equilibristas del nudo ciego en las entrañas,

hundiendo pasos con pie de palo sobre un hilo.

Somos los repartidos por los múltiples senderos de la duda

que tejemos hasta enredarnos,

que cruzamos como equilibristas.

No importa que tan delgado es el miedo,

no se cortará la cuerda,

cada tirante esta fijado con las raíces de tu incertidumbre.

Igual te balanceas sobre noches masticadas por el invierno y los nombres.

Nombres que el miedo abre a la deriva y por la fuerza.

Somos los desbordados hijos del miedo,

los impregnados en las turbias aguas del miedo,

los refucilados con la luz del miedo,

los astillados con las raíces de la incertidumbre.

Los ulcerados de la duda,

los envejecidos de la duda,

los acunados en brazos de la duda cuando nos ladra el miedo.

Somos los amordazados del miedo,

los levantados de noche,

los fotografiados en territorio del miedo,

los endurecidos equilibristas a mitad de un hilo,

que cruzamos torcidos como un río,

Cada hora a cada paso de cada desconcierto.

Mubarak

  “Antes un cubo de agua era más valioso que nuestros propios hijos" Tovognaze Lavo la sangre de mi periodo en agua color café La...