Mi padre sembró a mi madre, y la noche era como magia de cuervos:
algunos rezaban en el campo, entre las verduras,
arrodillados, con vestidos azules, y tocados de novia.
Algunas viejas secas, sostenían el rosario.
Mi madre, que soñaba con sembrar tomates, se abría de piernas,
y emulaba, en los ojos, los guiños de los pájaros,
piaba, maldecía, se frotaba contra mi padre,
como contra un vidrio resplandeciente y fresco.
Y todo eso pasó en una noche.
A mis diez años, me sentaron en una silla a observar los corderos,
sus sacrificios graves, de donde sacábamos la carne de comer,
morada y mística, en comuniones vibrantes y olorosas.
Luego las habas, los duraznos llamados corazón de buey,
y el sudor terrestre de las axilas de los peones,
sus oscuridades de pomelo, agrios y sexuados,
sobre los caballos.
No me brotó la adolescencia líricamente.
Me aterrorizó la sangre,
los pechos escapándose de la sutilidad de las blusas,
los muslos apretados contra las faldas, y contra los hombres,
las poses de amar y olvidar,
el rito floral y húmedo de la masturbación
y muchas casas para ausentarse hasta ser mujer,
de pie, sola ante y con el mundo.
A los 27 me llaman los muertos desde abajo,
y yo no respondo, me enfermo de realidad,
quiero ser lo cotidiano, el pozo de aguas sucias,
los chicos de la calle con el corazón a media asta,
la miseria de Dock Sud, el hambre de los perros,
quiero ser Buenos Aires, con su inmensidad,
con sus pangramas de piernas y de brazos,
quiero ser ese hombre último que recuerdo de ayer,
el Chevrolet rojo apretando dos ojos azules en la distancia,
para enseñarme el don de la espera y la fatiga.
www.chemadamme.blogspot.com
jueves, 7 de abril de 2011
martes, 5 de abril de 2011
Eda María Nicola
De los pequeñísimos filamentos nerviosos de mi carne
Escribir es matar, es meterse con cuchillos en el amorfo
secreto del lenguaje, es ir a ese río vivo de formas en germen,
es ir con cuchillos, con navajas, con rifles, con escopetas,
con mira telescópica y anzuelos y puñales y hacerlo sangrar y
estremecerse, romper, quebrar, desmenuzar sus pedacitos inciertos
para poder sacar una piedrita blanca que limpiamos de desperdicios
y ponemos en una hoja en blanco como ponemos a los muertos en las
tumbas, como asesinos seriales que atesoran despojos, nuestros
poemas y nuestros muertos nos acompañan, son tibias presencias
que murmuran turbios secretos, y escuchamos, si escuchamos,
con el cuerpo, esta oscura materia de suplicio.
Escribir es matar, es meterse con cuchillos en el amorfo
secreto del lenguaje, es ir a ese río vivo de formas en germen,
es ir con cuchillos, con navajas, con rifles, con escopetas,
con mira telescópica y anzuelos y puñales y hacerlo sangrar y
estremecerse, romper, quebrar, desmenuzar sus pedacitos inciertos
para poder sacar una piedrita blanca que limpiamos de desperdicios
y ponemos en una hoja en blanco como ponemos a los muertos en las
tumbas, como asesinos seriales que atesoran despojos, nuestros
poemas y nuestros muertos nos acompañan, son tibias presencias
que murmuran turbios secretos, y escuchamos, si escuchamos,
con el cuerpo, esta oscura materia de suplicio.
jueves, 17 de marzo de 2011
rabia de perro solo
IV
La soledad es una joven difunta dueña del perro
que muerde a su amo, pero el perro
cuida a su dueña del amor del prójimo,
como todo animal que aulla a la desgracia.
La soledad es una joven difunta dueña del perro
que muerde a su amo, pero el perro
cuida a su dueña del amor del prójimo,
como todo animal que aulla a la desgracia.
sábado, 5 de marzo de 2011
El hijo perdido
En este único día
en el que algo muere o se confunde
la mano que meció tu cuna
hoy levanta este puñal
este tabú
Su oración y su sable.
Hoy te llama, el hijo perdido.
Hoy viste su uniforme de vida temerosa
Hoy se arrepiente, se retuerce, hoy se espanta
Hoy sale por ti
como el cazador
por la más infiel de sus palomas.
Desde su sangre más remota
con la memoria calcinada
y una música oscura que late en su cuello
una madre
extirpa tus demonios
Te estrangula con el pecho
que ayer te amamantaba.
Es la sal debajo de su lengua
El prejuicio que enluta toda su fe
Un voraz instinto que la obliga
que absurda y peligrosa
río abajo la lleva
a sanar a rehacer o traerte de vuelta
A quitar el aire
a cocer su propio vientre.
Alguien que te ama te apuñala
Alguien que enciende la luz ilumina tus desgracias
Luego se esconde y reza como loca.
Te susurra, te aprueba, te conversa.
Esconde los dientes
Algo nuevo le nace, te chupa la piel, se desvanece,
te libera
Te enfrenta al espejo
donde aún mira su herejía.
Te canta el evangelio del hijo torcido
Te habla con una grieta en su frente
con la voz vuelta un nudo en su cruz,
un collar de esquirlas y dragones.
Te absuelve con la facultad del todopoderoso,
Te acorrala, te ata, te desnuda
mira en tus genitales lo incorrecto
Te cubre, te abraza, te flagela
Desde su corazón inmóvil te grita,te llora, te parte.
Te perdona, te besa, te atropella
Llama a los demás cazadores
Les muestra su presa redimida,
Ellos,
te arrojan al mar
te anotan en la lista de los hijos perdidos.
en el que algo muere o se confunde
la mano que meció tu cuna
hoy levanta este puñal
este tabú
Su oración y su sable.
Hoy te llama, el hijo perdido.
Hoy viste su uniforme de vida temerosa
Hoy se arrepiente, se retuerce, hoy se espanta
Hoy sale por ti
como el cazador
por la más infiel de sus palomas.
Desde su sangre más remota
con la memoria calcinada
y una música oscura que late en su cuello
una madre
extirpa tus demonios
Te estrangula con el pecho
que ayer te amamantaba.
Es la sal debajo de su lengua
El prejuicio que enluta toda su fe
Un voraz instinto que la obliga
que absurda y peligrosa
río abajo la lleva
a sanar a rehacer o traerte de vuelta
A quitar el aire
a cocer su propio vientre.
Alguien que te ama te apuñala
Alguien que enciende la luz ilumina tus desgracias
Luego se esconde y reza como loca.
Te susurra, te aprueba, te conversa.
Esconde los dientes
Algo nuevo le nace, te chupa la piel, se desvanece,
te libera
Te enfrenta al espejo
donde aún mira su herejía.
Te canta el evangelio del hijo torcido
Te habla con una grieta en su frente
con la voz vuelta un nudo en su cruz,
un collar de esquirlas y dragones.
Te absuelve con la facultad del todopoderoso,
Te acorrala, te ata, te desnuda
mira en tus genitales lo incorrecto
Te cubre, te abraza, te flagela
Desde su corazón inmóvil te grita,te llora, te parte.
Te perdona, te besa, te atropella
Llama a los demás cazadores
Les muestra su presa redimida,
Ellos,
te arrojan al mar
te anotan en la lista de los hijos perdidos.
lunes, 17 de enero de 2011
Andrea Cote Botero - La merienda
También acuérdate María
de las cuatro de la tarde
en nuestro puerto calcinado.
Nuestro puerto
que era más bien una hoguera encallada
o un yermo
o un relámpago.
Acuérdate del suelo encendido,
de nosotros rascando el lomo de la tierra
como para desenterrar el verde prado.
El solar en donde repartían la merienda,
nuestro plato rebosante de cebollas
que para nosotros salaba mi madre,
que para nosotros pescaba mi padre.
Pero a pesar de todo,
tu lo sabes,
habríamos querido convidar a Dios
para que presidiera nuestra mesa,
a Dios pero sin verbo
sin prodigio
y sólo para que tú supieras,
María,
que Dios está en todas partes
y también en tu plato de cebollas,
aunque te haga llorar.
Pero sobre todo, María,
acuérdate de mí y de la herida,
de antes de que pastaran mis manos
en el trigal de las cebollas
para hacer de nuestro pan
el hambre de todos nuestros días
y para que ahora,
que tú ya no te acuerdas
y que la mala semilla alimenta el trigal de lo desaparecido
yo te descubra, María,
que no es tu culpa
ni es culpa de tu olvido,
que es este el tiempo
y este su quehacer.
de las cuatro de la tarde
en nuestro puerto calcinado.
Nuestro puerto
que era más bien una hoguera encallada
o un yermo
o un relámpago.
Acuérdate del suelo encendido,
de nosotros rascando el lomo de la tierra
como para desenterrar el verde prado.
El solar en donde repartían la merienda,
nuestro plato rebosante de cebollas
que para nosotros salaba mi madre,
que para nosotros pescaba mi padre.
Pero a pesar de todo,
tu lo sabes,
habríamos querido convidar a Dios
para que presidiera nuestra mesa,
a Dios pero sin verbo
sin prodigio
y sólo para que tú supieras,
María,
que Dios está en todas partes
y también en tu plato de cebollas,
aunque te haga llorar.
Pero sobre todo, María,
acuérdate de mí y de la herida,
de antes de que pastaran mis manos
en el trigal de las cebollas
para hacer de nuestro pan
el hambre de todos nuestros días
y para que ahora,
que tú ya no te acuerdas
y que la mala semilla alimenta el trigal de lo desaparecido
yo te descubra, María,
que no es tu culpa
ni es culpa de tu olvido,
que es este el tiempo
y este su quehacer.
martes, 4 de enero de 2011
Siamesas

“Dos mujeres caminan por la calle / sugiriendo efecto mariposa, terremoto y oleaje inmenso”
Andrea Cabel
Dos mujeres
Con temor a devorar
su misma carne
tejen el muro sanguíneo
del espejo,
Tiran de idéntica cuerda
Y levantan su rostro al unísono.
Antiguo dolor compartido
sin partir
de un viejo parto.
Dos mujeres desmoldadas
de un algo que perdía
ya mantos con huesos
de niñas rotas
vueltos a nacer
pero entre sí cocidos
por los indecibles nacimientos
del karma
Ensamblaje infantil
de una en una,
una en la otra,
otra del adentro,
una de sí misma,
que es su otra embutida
en sola salada sangre
que pasa por distintas venas
gritando
la distinta herida
de único retrato.
Una llora (de un solo lado)
la desdicha
que la otra lapidaria bebe
en el silencio.
La otra siente en el alcohol
de su ebria hermana la alegría
y canta
lo que ésta enmudece con espanto.
Pero gustan de hombre diferente,
y cortan su pelo
con peinados otros
que sueñan lucir en la cita a solas
Han seguido vivas
congestionadas por el ansia torrencial
de los desprendimientos
de su sola sombra
Solita sombra arrastrada
por los giratorios rayos
de sus acopladas luces
Morirá una
en la carne de la otra
sujeta al lomo
de su pena semejante
a su hermana sin frontera.
jueves, 16 de diciembre de 2010
Presentación


QUINCE Antología de poetas mujeres de Córdoba
elena annibali
laura fobbio
elisa gagliano
laura garcía del castaño
mariela laudecina
juana luján
natsuki miyoshi
yanina molina
eloísa oliva
paula oyarzábal
laura pratto
anahí ré
leticia ressia
paula soruco
eliana zaghis
gabriela milone -prólogo-
marina llaó -diseño de tapa/contratapa-
tintadenegros ediciones:
guillermo bawden
diego castaño
mariano loza
gabriel riobó
gustavo paredes -diseño de logo-
tintadenegros ediciones
presentación de " QUINCE Antología de poetas mujeres de Córdoba".
Bordes, Espacio Cultural -Marcelo T. de Alvear 837, Bº Guemes-
jueves 16 de diciembre, 19:30 hs.
te pensás perder esta fiestita de 15?...
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