lunes, 4 de julio de 2011

¿Quién te persigue?

Quién te persigue?
Dios, el tiempo, la fatalidad, el miedo,
la tentación, el soborno,
una misión
alguien que huye?

Qué vas a decir cuando te encuentre?
Que no estás
Te harás el muerto
para que la muerte no te alcance
te desvivirás para no vivir
Dónde vas?
Al lugar de tus poemas,
al frenesí de la vejez?

Qué hay al final de todo?
una puerta, un espejo, un borde.

Qué es la reencarnación?
Un hueco al fondo de dios?

Qué te impulsa?
el viento, los brindis,
la curiosidad, el deseo,
la marea de los hombres?

Qué te retrasa?
el error?
la invalidez, la mediocridad,
el juego,
las incógnitas?

Qué das de comer a esas palomas?
Qué de tu paz, qué de tu desolación o tu espera?

Qué belleza nos embellece y cuál nos da el consuelo?
En otra vida leeré los poemas que hoy escribo?

Lo real va por detrás de la visión
y la visión por detrás del sueño.
La mirada siempre está un paso adelante.
El sueño es
inalcanzable.

martes, 31 de mayo de 2011

se habla cada vez con más certezas

Así, como el color del humo presume la voracidad del fuego.
o el cauce de un río, su arrebato.
por cómo naces se adivina el carácter
por la línea de tu mano los hijos que te esperan
por la forma de tu cráneo la inteligencia
por el ancho de tus huesos, tu fortaleza
por tus actos la magnitud de tu entierro
y por tu cadáver la demora de tu olvido.

lunes, 9 de mayo de 2011

Al dios rey de la palabra

Aunque perseveres en tus gritos
de caótico semidios
y sientas crecer en cada renglón
la gracia de tu carne,
no llegarás más alto,
que ese hombre de rodillas,
que todas las noches,
abrazado al honor de su vasta memoria,
implora en su aliento,
el poema o el infierno,
que merecer
por la mañana.

jueves, 7 de abril de 2011

Elipsis - Elena Anníbali

Mi padre sembró a mi madre, y la noche era como magia de cuervos:
algunos rezaban en el campo, entre las verduras,
arrodillados, con vestidos azules, y tocados de novia.
Algunas viejas secas, sostenían el rosario.
Mi madre, que soñaba con sembrar tomates, se abría de piernas,
y emulaba, en los ojos, los guiños de los pájaros,
piaba, maldecía, se frotaba contra mi padre,
como contra un vidrio resplandeciente y fresco.

Y todo eso pasó en una noche.

A mis diez años, me sentaron en una silla a observar los corderos,
sus sacrificios graves, de donde sacábamos la carne de comer,
morada y mística, en comuniones vibrantes y olorosas.
Luego las habas, los duraznos llamados corazón de buey,
y el sudor terrestre de las axilas de los peones,
sus oscuridades de pomelo, agrios y sexuados,
sobre los caballos.

No me brotó la adolescencia líricamente.
Me aterrorizó la sangre,
los pechos escapándose de la sutilidad de las blusas,
los muslos apretados contra las faldas, y contra los hombres,
las poses de amar y olvidar,
el rito floral y húmedo de la masturbación
y muchas casas para ausentarse hasta ser mujer,
de pie, sola ante y con el mundo.

A los 27 me llaman los muertos desde abajo,
y yo no respondo, me enfermo de realidad,
quiero ser lo cotidiano, el pozo de aguas sucias,
los chicos de la calle con el corazón a media asta,
la miseria de Dock Sud, el hambre de los perros,
quiero ser Buenos Aires, con su inmensidad,
con sus pangramas de piernas y de brazos,
quiero ser ese hombre último que recuerdo de ayer,
el Chevrolet rojo apretando dos ojos azules en la distancia,
para enseñarme el don de la espera y la fatiga.


www.chemadamme.blogspot.com

martes, 5 de abril de 2011

Eda María Nicola

De los pequeñísimos filamentos nerviosos de mi carne

Escribir es matar, es meterse con cuchillos en el amorfo
secreto del lenguaje, es ir a ese río vivo de formas en germen,
es ir con cuchillos, con navajas, con rifles, con escopetas,
con mira telescópica y anzuelos y puñales y hacerlo sangrar y
estremecerse, romper, quebrar, desmenuzar sus pedacitos inciertos
para poder sacar una piedrita blanca que limpiamos de desperdicios
y ponemos en una hoja en blanco como ponemos a los muertos en las
tumbas, como asesinos seriales que atesoran despojos, nuestros
poemas y nuestros muertos nos acompañan, son tibias presencias
que murmuran turbios secretos, y escuchamos, si escuchamos,
con el cuerpo, esta oscura materia de suplicio.

jueves, 17 de marzo de 2011

rabia de perro solo

IV

La soledad es una joven difunta dueña del perro
que muerde a su amo, pero el perro
cuida a su dueña del amor del prójimo,
como todo animal que aulla a la desgracia.

sábado, 5 de marzo de 2011

El hijo perdido

En este único día
en el que algo muere o se confunde
la mano que meció tu cuna
hoy levanta este puñal
este tabú
Su oración y su sable.

Hoy te llama, el hijo perdido.

Hoy viste su uniforme de vida temerosa
Hoy se arrepiente, se retuerce, hoy se espanta
Hoy sale por ti
como el cazador
por la más infiel de sus palomas.
Desde su sangre más remota
con la memoria calcinada
y una música oscura que late en su cuello
una madre
extirpa tus demonios
Te estrangula con el pecho
que ayer te amamantaba.

Es la sal debajo de su lengua
El prejuicio que enluta toda su fe
Un voraz instinto que la obliga
que absurda y peligrosa
río abajo la lleva
a sanar a rehacer o traerte de vuelta
A quitar el aire
a cocer su propio vientre.


Alguien que te ama te apuñala
Alguien que enciende la luz ilumina tus desgracias
Luego se esconde y reza como loca.


Te susurra, te aprueba, te conversa.
Esconde los dientes
Algo nuevo le nace, te chupa la piel, se desvanece,
te libera
Te enfrenta al espejo
donde aún mira su herejía.

Te canta el evangelio del hijo torcido
Te habla con una grieta en su frente
con la voz vuelta un nudo en su cruz,
un collar de esquirlas y dragones.
Te absuelve con la facultad del todopoderoso,
Te acorrala, te ata, te desnuda
mira en tus genitales lo incorrecto
Te cubre, te abraza, te flagela
Desde su corazón inmóvil te grita,te llora, te parte.
Te perdona, te besa, te atropella
Llama a los demás cazadores
Les muestra su presa redimida,

Ellos,

te arrojan al mar
te anotan en la lista de los hijos perdidos.

Mubarak

  “Antes un cubo de agua era más valioso que nuestros propios hijos" Tovognaze Lavo la sangre de mi periodo en agua color café La...