jueves, 4 de agosto de 2011

la culpa


De vez en cuando un nudo en las cuerdas vocales
Restos de un misil en las entrañas de los ojos
Coserse las heridas con un hilo tristísimo.
Fijar la mirada en el retrovisor del pasado
y quedar con la boca mordida por un perro
con cicatrices donde nadie hubiera imaginado pozos.
Si pudiera dejarme sobre la mesa
como dejo una llave,
enterrarme en la tierra de las plantas.
Si pudiera llamarme Juan
pero hay demasiados Juan
Uno que pide limosna, otro que pone la mesa,
otro que va a la guerra a lustrarse las heridas
o apoya su oído en la pared para sentir la música.
Si pudiera bañarme con la ropa puesta.
Arrancar la sangre eficazmente edificada.
De vez en cuando vivo en este castillo de arena
me revuelco en las extremidades de los días,
o caigo con un solo hueso hundido
o calco tu mano deshecha en la mía.
Si pudiera levantar el error como levanto una piedra,
llevar la piedra y el error hasta el río,
aunque no hay río en el desierto, que nada ha leído
de la piedra y éste error.
Abrirme por la espalda y rellenarme yo sola,
De pura loca ausente, de pura muerta perdida.
De vez en cuando la viga en el ojo.
Esto de quebrarse al ras como una uña al borde de la carne.
Esta es la culpa que todos miran y hablan de cerca
pero están lejos,
del otro lado del río y de lo trágico.
Si pudiera huir de a pedazos,
pero no soy una muñeca de trapo mordida por un perro
aunque sí me duelen las costuras con hilo tristísimo
y llevo la culpa que todos miran
aunque no pueda dejarla como dejo una llave.
Tampoco me llamo Juan,
pero a gritos lustro las heridas de guerra
y llevo un misil,
donde nadie hubiera imaginado pozos.


De La vida en que sueñas

lunes, 1 de agosto de 2011

Dicen que el miedo habla de noche


Dicen que el miedo habla de noche
que si lo escuchas
le crecen alas,
y se convierte en el pájaro de la inquietud

Dicen que el pájaro de la inquietud
canta a los muertos
que si lo alimentas
pide por ellos
les habla en su idioma

él te ofrece su perdón, su rostro,
un huesito para gastar a escondidas.
Te exige más semillas.
Y vos,
que no tenés más aliento que la fábula del poema
su dolor, sus contracciones,
que no recobras nada de la vida
tras el sueño,
Qué haces?
Salís a buscarle pan, resurrecciones.
algún alpiste.
Con ramitas de tu culpa le sueldas una jaula
para que no se escape.

Crees en él como en un dios
el señor que pastorea en tus entierros
y come de tu insomnio.

Le basta con que de vez en cuando
le converses,
le hagas escuchar de tus desgracias,
le subas el volúmen por las noches.

Porque el miedo canta de noche,
con el idioma de los muertos
y vos,
lazarillo envuelto en la gloria de su amo,
por algo,
por algo le entiendes.

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Azar y fatalidad
no se parecen.
Uno busca el azar como una llave mágica.
Le hace tomar partido,
le pone una silla,
le deja ofrendas, un vaso con agua,
tabaco, oraciones.
Se paga, se vende, se regala
para obtener de él
una raspadita,
un numerito
de su antojo.

La fatalidad te busca, te elige
es un yuyo que desde el patio
espía tu casa.
Un yuyo que nadie sembró
y que a nadie molesta
pero que un día
crecerá,
será una planta gigantezca
que de pronto
entra a tu casa
por la puerta del fondo.

lunes, 18 de julio de 2011

El poema es sólo esto

El poema es sólo esto.
La galletita del enfermo,
el vaso con agua del moribundo,
la propina del que abrió todas las puertas,
la visita del preso,
un techito para el insolado,
la masturbación del viudo,
el trueno en la sequia de toda una vida,
un remo en el oleaje de los hombres,
el primer canto del gallo,
la medalla en el respaldo del agobio.
No le pidas amistad, resurrección, cuidados de enfermera.
No te dará apellido, vacaciones, hospedaje.
No le des conversación.
El poema abandona tu oscura importancia
te convierte en su rehen, su leña, su mascota,
en alguien que abandona sus certezas
para hundirse en el desierto
en señal de espejismo.

lunes, 4 de julio de 2011

¿Quién te persigue?

Quién te persigue?
Dios, el tiempo, la fatalidad, el miedo,
la tentación, el soborno,
una misión
alguien que huye?

Qué vas a decir cuando te encuentre?
Que no estás
Te harás el muerto
para que la muerte no te alcance
te desvivirás para no vivir
Dónde vas?
Al lugar de tus poemas,
al frenesí de la vejez?

Qué hay al final de todo?
una puerta, un espejo, un borde.

Qué es la reencarnación?
Un hueco al fondo de dios?

Qué te impulsa?
el viento, los brindis,
la curiosidad, el deseo,
la marea de los hombres?

Qué te retrasa?
el error?
la invalidez, la mediocridad,
el juego,
las incógnitas?

Qué das de comer a esas palomas?
Qué de tu paz, qué de tu desolación o tu espera?

Qué belleza nos embellece y cuál nos da el consuelo?
En otra vida leeré los poemas que hoy escribo?

Lo real va por detrás de la visión
y la visión por detrás del sueño.
La mirada siempre está un paso adelante.
El sueño es
inalcanzable.

martes, 31 de mayo de 2011

se habla cada vez con más certezas

Así, como el color del humo presume la voracidad del fuego.
o el cauce de un río, su arrebato.
por cómo naces se adivina el carácter
por la línea de tu mano los hijos que te esperan
por la forma de tu cráneo la inteligencia
por el ancho de tus huesos, tu fortaleza
por tus actos la magnitud de tu entierro
y por tu cadáver la demora de tu olvido.

lunes, 9 de mayo de 2011

Al dios rey de la palabra

Aunque perseveres en tus gritos
de caótico semidios
y sientas crecer en cada renglón
la gracia de tu carne,
no llegarás más alto,
que ese hombre de rodillas,
que todas las noches,
abrazado al honor de su vasta memoria,
implora en su aliento,
el poema o el infierno,
que merecer
por la mañana.

jueves, 7 de abril de 2011

Elipsis - Elena Anníbali

Mi padre sembró a mi madre, y la noche era como magia de cuervos:
algunos rezaban en el campo, entre las verduras,
arrodillados, con vestidos azules, y tocados de novia.
Algunas viejas secas, sostenían el rosario.
Mi madre, que soñaba con sembrar tomates, se abría de piernas,
y emulaba, en los ojos, los guiños de los pájaros,
piaba, maldecía, se frotaba contra mi padre,
como contra un vidrio resplandeciente y fresco.

Y todo eso pasó en una noche.

A mis diez años, me sentaron en una silla a observar los corderos,
sus sacrificios graves, de donde sacábamos la carne de comer,
morada y mística, en comuniones vibrantes y olorosas.
Luego las habas, los duraznos llamados corazón de buey,
y el sudor terrestre de las axilas de los peones,
sus oscuridades de pomelo, agrios y sexuados,
sobre los caballos.

No me brotó la adolescencia líricamente.
Me aterrorizó la sangre,
los pechos escapándose de la sutilidad de las blusas,
los muslos apretados contra las faldas, y contra los hombres,
las poses de amar y olvidar,
el rito floral y húmedo de la masturbación
y muchas casas para ausentarse hasta ser mujer,
de pie, sola ante y con el mundo.

A los 27 me llaman los muertos desde abajo,
y yo no respondo, me enfermo de realidad,
quiero ser lo cotidiano, el pozo de aguas sucias,
los chicos de la calle con el corazón a media asta,
la miseria de Dock Sud, el hambre de los perros,
quiero ser Buenos Aires, con su inmensidad,
con sus pangramas de piernas y de brazos,
quiero ser ese hombre último que recuerdo de ayer,
el Chevrolet rojo apretando dos ojos azules en la distancia,
para enseñarme el don de la espera y la fatiga.


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Mubarak

  “Antes un cubo de agua era más valioso que nuestros propios hijos" Tovognaze Lavo la sangre de mi periodo en agua color café La...