miércoles, 12 de diciembre de 2012

el curso del agua



"La luz ya había muerto entre nosotros"
M. Teresa Andruetto

No tenemos una foto nuestra – dijiste – 
Entonces recordé esa frase 
que del amante nunca existen fotos.
Del amante se tiene, quizás, una pequeña muerte 
evaporándose al sol de las tres de la tarde.
Querías una foto, la única ventana posible
Una foto con el peso de una piedra
que pudiera explicar, porque lejos de allí eramos otros
Una foto para desviar el curso del agua
que valga el tiempo de una guerra.
Luego terminamos,
como terminan los amantes
Vos te entregás a todo aquel que quiera llevarse un pedazo – sentenciaste
y tenías razón.
Ahora soy una mujer muda, inmóvil, como una foto, como la piedra
que a mitad de la noche cambia el curso del agua.
Y vos, seguís siendo el reflejo del sol que huye de un cuadro
a las tres de la tarde.
El cuadro que esperaba veinticuatro horas
por ese brevísimo flagelo
Así es el amante,
el disparo de una cámara de fotos llevándose 
toda la luz de una ceguera.
Y vos te llevaste todo, 
menos esta foto,
que hoy sujeta, la única ventana abierta
para desviar el curso del sol.


jueves, 16 de agosto de 2012

una oscuridad sin resignación


A veces llego a la funeraria y hay música.
Parece un baile de niños salvajes.
Hay un cartel en la puerta que dice: “Aquí no hay resignación”
Aquí el sol es el aliento de una mano amputada
Las imágenes salen de las grietas del sueño
Pero no hay resignación.
Algo brilla 
Es el fuego de quien no descansa.
La música 
es el río que atraviesa por dentro
Allí los vivos arrojan sus pertenencias, 
los suicidas se prueban un traje 
los muertos nadan incansablemente
Se disuelven unos brazos,
 ya no vuelven a juntarse.
A veces algo de mí también se desprende y baila con ellos
Por eso todos los días un árbol cae
Se levanta un viento
Se escapa de una isla
A falta de un hombre
Se pone esta música.

lunes, 2 de julio de 2012

predestinación


Vi reflejado en el ojo de la bala,
el centro de la liebre.

También vi en la copa del árbol
la cabeza del relámpago.

He visto desde siempre, pequeños retratos de lo que parte
Sangre en la piel del que lastima
Muerte en lo que no ha vivido

Pero nada ha sido
como ver crecer en tus manos
cada noche 
mi último instante


jueves, 14 de junio de 2012

esta mañana



Esta mañana afeité a un muerto, rasuré su barba de días de coma y agonía. Pero sobre todo rasuré su claridad y su ignorancia, porque él ignora y padece, ignora y padece como un animal quieto recién encandilado... y está confundido. Sobre todo le saqué el brillo a la dureza del hielo y del asfalto.Le saqué brillo a sus facciones de ciego. Lo hacía y pensaba si le dolía realmente, detrás de la coagulación y el desconcierto.. Pensaba que tuvimos oportunidad de acercarnos antes, él y yo, que tuvimos oportunidad de cruzar este mismo gesto. La delicadeza que es parte de la vida, la delicadeza que es parte del miedo a lastimar lo que vive y su cara de no pensar, cara de muerto de horas de no pensar, de infección y olvido contra mis manos suaves, suaves sobre su gesto de hombre que está siendo lavado, aliviado, comprendido. Qué habrá pensado tiempo atrás de esta escena; que alguien lo iba a afeitar después de muerto, que alguien iba a ver su gesto de muerto afeitado. Si este hombre tenía setenta años y viajaba a mi lado en el omnibus,  sin voltear a verme nunca, pero miró mis manos agarradas al pasamanos una vez, las miró fijamente como algo posterior y tibio, las miró como el reflejo absurdo de lo que será para despojarnos. Pero no fue ahí que el debía tocarme ni que yo debía rozar con mi mano su gesto de vivir . Era aquí y ahora, como en el sexo, como el derrame en  boca de la muerte, era aquí y ahora que debía afeitarlo, dejarlo listo, para quién? Para ir a dónde? Para estar prolijo y ser puntual con quién?. Siempre somos prolijos y puntuales para la muerte. Para convertirse en qué? En incontestable furia, en leña, en adivino. Lo que ha vivido ya es ceniza. Sólo muere en él lo que no ha vivido. También hago mi duelo: veo su cara, quizás él sienta envidia de esto, quizás él ya extravió su rostro y sea antiguo y esté perdido bajo el agua. Hago el duelo: asumir el desprecio de la muerte. Intentar descubrir que le fascinó de este hombre, por qué nos sigue ignorando
Rasuro la oscura belleza en el pelo blanco de la muerte mientras él sueña el roce de otra mano. Quito la barba, la piel, el esmalte mientras él algo dice con labios sellados. Intento escuchar lo que dice con los labios sellados. Quién lo despertará de este sueño?

Mubarak

  “Antes un cubo de agua era más valioso que nuestros propios hijos" Tovognaze Lavo la sangre de mi periodo en agua color café La...