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Mostrando entradas de septiembre, 2013

En el correo la mujer que vende sobres es ciega

En el correo, la mujer que vende sobres es ciega Sus ojos son pisadas de un animal  que huyó hace tiempo Me reconoce cada vez que llego Esta mañana me dijo: vos sos la chica que escribe poemas Y a quién le enviarás hoy? Me dio un sobre pequeño donde calza justo un libro Aunque en su mirada no calce una sola visión Sus ojos son blancos como las sábanas de algo moribundo Sus ojos son blancos como la espalda de un dios íntimo con ella que se rehúsa a mirarnos. De ellos no cae agua nieve Caen esquirlas de un volcán que trama en las profundidades. Estos son tus poemas? Preguntó la primera vez Tomó el libro pero no como un libro sino como si tomara un cráneo, un ramo, una espada algo frágil y feroz, distante a nosotros. Abrió en la página 30 y con sus dedos recorrió los versos de derecha a izquierda como si desandara un viaje Se frenó en la palabra ciervo La acarició una y otra vez como si hubiese decidido domesticarla Su índice se superpuso a la palabra que ya no se vió Como si el ciervo hubiese entrado en ella …

lustrar

Como todas las mañanas,  tomé la gamuza rocié el Blem y lustré el ataúd del fondo

Lustré  el tórax de un gigante congelado Lustré  el árbol ahuecado de un zoológico Lustré  el torso de un cristo embalsamado Lustré  la maceta de una planta venenosa Lustre  un instrumento de percusión solitaria Lustré  la cartuchera de una fibra imborrable Lustré  la cáscara de una semilla a la intemperie Lustré 
el caparazón de un ciervo inalcanzable
Lustré  el capullo de un insecto que se pierde
Lustré
la nave de un ser que nos deja Lustré el escudo de una moneda extranjera
Lustré
la falsa alcancía de la muerte



de El animal no domesticado

bello animal de los celos

Dónde marca la bestia el amor por el cisne? Morder es saciarse. Asfixiar es restablecer. Nada como forcejear con las cosas por sus angosturas, por sus respiraciones. No podemos besar sin succionar. No podemos poseer Sin torcer, sin estrangular. El cuello es una erupción sin fin, jamás se enfría. La pasión es respiratoria y es ronca El placer es estrecho El orgasmo es un cogote vuelto al revés con su lengua afuera. El animal de los celos tiene hambre Lleva la fatalidad en su regazo  como un recién nacido Cuida su cabecita de golpear con la ceguera Ay tempestad de la sin razón! mis mános están húmedas porque él las lame ha visto en ellas dos hijas pródigas
algo fallido Ha conservado su intención
Ha borrado la entrega

Están pintando la funeraria

Estás solita? Me preguntás No, estoy con Hugo que ha venido a pintar la sala, a lavar la cara
de su dios malo, en un precario acto Un soldado corpulento con rostro de insecto lo observa Lijar con fuerza, desprender el seco aguijón de un muerto la vulva de un fantasma que esperó salir ser acariciado Cubre el piso del goteo  con diarios viejos, con obituarios de gente que  goteó aquí su última lava El color es beige y es cálido para este monte Ha prendido la radio La música tapa el crepitar  de los peces La pared absorbe como el lecho de un pantano. Debajo de los  cuadros las manchas son demasiado oscuras Pasa la brocha Deja sin orqueta a las palomas de la putrefacción La muerte es un tabaco que impregna el pelo y las manos. Estás solita? Me preguntás, y qué haces? Leo sobre la muda de especies tras los incendios del lunes Veo aquí una constelación de hombres  que emigra en pleno mañana, como murciélagos.
Pienso,
qué es el color beige  para una habitación sin luz y qué pensará de este precario acto la noche