lunes, 30 de septiembre de 2013

En el correo la mujer que vende sobres es ciega


En el correo, la mujer que vende sobres es ciega
Sus ojos son pisadas de un animal 
que huyó hace tiempo
Me reconoce cada vez que llego
Esta mañana me dijo: vos sos la chica que escribe poemas
Y a quién le enviarás hoy?
Me dio un sobre pequeño donde calza justo un libro
Aunque en su mirada no calce una sola visión
Sus ojos son blancos como las sábanas de algo moribundo
Sus ojos son blancos como la espalda de un dios
íntimo con ella
que se rehúsa a mirarnos.
De ellos no cae agua nieve
Caen esquirlas de un volcán
que trama en las profundidades.
Estos son tus poemas? Preguntó la primera vez
Tomó el libro pero no como un libro
sino como si tomara un cráneo, un ramo, una espada
algo frágil y feroz, distante a nosotros.
Abrió en la página 30 y con sus dedos recorrió los versos
de derecha a izquierda como si desandara un viaje
Se frenó en la palabra ciervo
La acarició una y otra vez
como si hubiese decidido domesticarla
Su índice se superpuso a la palabra
que ya no se vió
Como si el ciervo hubiese
entrado en ella
Como si nunca se hubiese ido
como si sus patas firmes 
ahora en un nuevo territorio
 hubieran borrado por un instante
 las viejas pisadas



viernes, 27 de septiembre de 2013

lustrar


Como todas las mañanas, 
tomé la gamuza
rocié el Blem
y lustré el ataúd del fondo

Lustré 
el tórax de un gigante congelado
Lustré 
el árbol ahuecado de un zoológico
Lustré 
el torso de un cristo embalsamado
Lustré 
la maceta de una planta venenosa
Lustre 
un instrumento de percusión solitaria
Lustré 
la cartuchera de una fibra imborrable
Lustré 
la cáscara de una semilla a la intemperie
Lustré 
el caparazón de un ciervo inalcanzable
Lustré 
el capullo de un insecto que se pierde
Lustré
la nave de un ser que nos deja
Lustré
el escudo de una moneda extranjera
Lustré
la falsa alcancía de la muerte



de El animal no domesticado

jueves, 26 de septiembre de 2013

la medalla


Soy esta cara de la medalla,
su esperanza partida
un nombre sobre la cicatriz de otro nombre
Soy esta medalla que pierdo
como quien pierde un zapato, un guante,
una memoria par
que calza
en una vida anterior y breve.
Porque las dos fuimos parte de lo que se deja,
Pero ella ya no era parte de lo que se encuentra
ni yo, de lo que alguien pierde.
No pudimos entrar las dos 
en la misma dimensión de cosas.
No pude fundir
el rostro joven a la anciana infancia
Cuando vuelva a aparecer
recobrará sus iniciales,
y alguien


me habrá dejado nuevamente.

viernes, 20 de septiembre de 2013

bello animal de los celos



Dónde marca la bestia el amor por el cisne?
Morder es saciarse. Asfixiar es restablecer.
Nada como forcejear con las cosas por sus angosturas,
por sus respiraciones.
No podemos besar sin succionar. No podemos poseer
Sin torcer, sin estrangular.
El cuello es una erupción sin fin, jamás se enfría.
La pasión es respiratoria y es ronca
El placer es estrecho
El orgasmo es un cogote vuelto al revés
con su lengua afuera.
El animal de los celos
tiene hambre
Lleva la fatalidad en su regazo 
como un recién nacido
Cuida su cabecita de golpear con la ceguera
Ay tempestad de la sin razón!
mis mános están húmedas porque él las lame
ha visto en ellas dos hijas pródigas
algo fallido
Ha conservado su intención
Ha borrado la entrega

martes, 17 de septiembre de 2013

Están pintando la funeraria





Estás solita? Me preguntás
No, estoy con Hugo que ha venido a pintar la sala,
a lavar la cara
de su dios malo, en un precario acto
Un soldado corpulento con rostro de insecto lo observa
Lijar con fuerza,
desprender el seco aguijón de un muerto
la vulva de un fantasma que esperó salir
ser acariciado
Cubre el piso del goteo 
con diarios viejos,
con obituarios
de gente que  goteó aquí
su última lava
El color es beige y es cálido para este monte
Ha prendido la radio
La música tapa el crepitar  de los peces
La pared absorbe como el lecho de un pantano.
Debajo de los  cuadros las manchas son demasiado oscuras
Pasa la brocha
Deja sin orqueta a las palomas de la putrefacción
La muerte es un tabaco que impregna el pelo y las manos.
Estás solita? Me preguntás,
y qué haces?
Leo sobre la muda de especies tras los incendios del lunes
Veo aquí una constelación de hombres 
que emigra
en pleno mañana,
como murciélagos.

Pienso,

qué es el color beige  para una habitación sin luz
y qué pensará de este precario acto
la noche

sábado, 3 de agosto de 2013

el amor de quien nos muerde



"Todos lo días abre la muerte un tajo"
Leticia Ressia





Todos los días rebalsa la muerte su miseria.
Violenta una puerta. Entra en una casa.
Es el animal menos amado.
Todos los días se vacía un hombre. Se lo pierde de vista.
Se lo planta como una semilla que brotará en el centro. 
Esta ropa sufre, el hábito del rostro hundido en su golpe,
consolado por su máscara.
Considérate máscara, considérate sueño. Considérate hábito.
Toca unas manos frías con tu tierra roja
Toca su percusión y su lanza
Todos los días se cierra unos ojos, se marchita un ramo
Caminamos con sangre marchita que nos ahoga.
Caminamos con la agilidad del que volverá a pasar,
en cinco minutos, en diez años y sin suerte
Todos los días se aleja un cuerpo. Se presiente su ceniza.
Cada cuerpo lleva impregnado el árbol de su ceniza.
Se transcriben fechas para un diario, para una comunión, para una lápida.
Hay gestos en la mañana
Un loco filma sonidos extraños que sube al internet,
 pero no es más que el ruido de su fe desvaneciéndose.
Se cubre una mancha con un mueble,
se cubre una pared con un espejo,
se cubre un hijo con una mascota, 
se cubre una muerte con otra muerte.
Por eso todos los días falta un hombre
Rebalsa, violenta una puerta
Se convierte en su animal menos amado
Sin embargo todavía esperamos que nos devuelva el corazón
Reponga el vidrio roto en la cordura.
Deje de hacer blanco en nuestra música
Por eso cuidado con el sueño que exige agua para su monstruo
Cuidado con la jaula que exige a su pájaro hipocondriaco
porque no es más que un puñado de plumas
lavado en una lata del encierro
Cuidado con la gata ciega que no acaricias, le crecen alas,
se cree serpiente y quizás piensa estrangularte
La fatalidad nace guacha de una puerta, de una uña encarnada,
de un estómago con fiebre.
Ladra, ladra hasta dejar de ser el blanco,
hasta dejar de ver en todas las muertes a tu muerto
Piensa, todos los días se vacía un hombre con engaños
Somos ciegos girasoles que se levantan a seguir la noche
El amor de quien nos muerde.




de El animal no domesticado 

lunes, 29 de julio de 2013

Jorge

No eramos amigos, pero era su fe radiante
el saludo de todas las mañanas,
lo que él tenía para mi
cuando lo encontraba en la farmacia, en el kiosco,
estrangulando el cigarrillo de lo viejo y de lo incierto,
espantando la ceniza
para que la muerte no venga con el humo, no lo impregne.
Tengo el boleto de la rifa que me vendió una siesta
Su trazo hundido en el cartón
es un hachazo que aún resiste
Y es que la letra de un muerto es una mordida infinita,
un borde en braile, una cascarita de luz,
donde gastar los dedos
Una vena hinchada
donde corre sangre nocturna y fósil
agua bendita e impostora
Hilo de hombre que insiste en latir.
Miro ese boleto con el número de una suerte que no fue mia
ni de él, ni será de nadie,
Pienso si hay algún punto donde todo regrese
donde los muertos que vimos partir los encontremos en la calle,
el edificio vuelva a ser baldío,
el cosmos regrese a su génesis
o el soldado a su propia victoria.
Pero no es Jorge o el soldado que lo espera en la muerte,
ni el que no hayamos sido amigos,
ni el cigarrillo que miente su ceniza
ni son estos números que aún espero salgan
a la cabeza de alguna suerte.
No es el cosmos
o el terreno baldío de la muerte tapada por los edificios del vivir
Es la impotencia de no poder contestarle el saludo
cuando pase.

Mubarak

  “Antes un cubo de agua era más valioso que nuestros propios hijos" Tovognaze Lavo la sangre de mi periodo en agua color café La...